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Educación rural: El reto de ser profesor en tiempo de pandemia

Por. Roger Andrés Patiño Narváez


Con la llegada del coronavirus, el mundo inició un proceso de adaptación: vivir en cuarentena, con retos e incertidumbres que trae esta pausa obligatoria en la vida de los habitantes de un número importante de países, algo que no sucedía hace un poco más de un siglo, con la gripe española.


El aislamiento físico y social, para el cual nadie estaba preparado, tuvo que ser menguado por los desarrollos tecnológicos que están posibilitando que la big data del virus sea reportada en tiempo real, el comercio electrónico registre importantes dividendos, la telemedicina esté en auge y el trabajo a distancia haya permitido que el mundo no entrara en una mayor crisis.


Desafortunadamente, la brecha que aún existe en distintos países del mundo, ha puesto de presente el desequilibrio en sectores de mayor influencia en el avance y progreso de la sociedad contemporánea, entre estas, la educación. El ingenio y la capacidad de respuesta a la situación que presenta el mundo, evidencia que cientos de profesores en Colombia vinculados a centros poblados y amplios sectores rurales del país se apropien de herramientas digitales para poder llegar a la población estudiantil.


Foto tomada por la profesora Paola Galeano, días antes de la cuarentena.

Trasladar el salón de clases a la aplicación para celulares más famosa de comunicación en el mundo, WhatsApp, es el nuevo espacio de trabajo del profesor Jhonatan Mesa, un ciudadano más, que, por las condiciones de vivir en tiempos de pandemia, se encuentra aislado en su casa.


Hoy, la visita a Jhonathan, tuvo como lugar la aplicación Zoom, una llamada que, además, fue acompañada por su colega y amigo, Marino Arley. Un hombre que transmitía, a través de su cara en pantalla, una tranquilidad profunda, que le generaba la terraza de su casa en algún lugar del centro de Ibagué.


Jhonathan recuerda su rutina antes de la pandemia, la cual llevaba durante 4 años, cuando despertaba a las 5 de la mañana de lunes a viernes, para una hora después, salir en su moto hacia la Institución Educativa San Juan de la China, que tiene el mismo nombre del corregimiento en donde está ubicada, en la ciudad de Ibagué. Actualmente Jonathan después de casi dos meses, conserva la misma rutina, despierta a la misma hora, ya no para salir en su moto, sino para prender su celular y contactar a través de WhatsApp, o, llamadas telefónicas, a sus 17 estudiantes de quinto grado.


— El tema del coronavirus me cogió como dicen por ahí, con las manos abajo, expresa Jonathan.


Marino opina igual que su amigo, adicionalmente expresa que la decisión del Gobierno de llevar a cabo una cuarentena, fue la más acertada, "no sabíamos cómo comenzar con una nueva modalidad de trabajo y primero que todo está la vida y debemos protegerlas, además, la educación se puede perder y reforzar el otro año, pero una vida no".


El reto más grande, según Marino, además de que orienta todas las materias del grado segundo (Al igual que Jhonathan en quinto), es el desarrollo de la clase de matemáticas, una materia que necesita una enseñanza mucho más estricta. Es allí, en donde el profe se siente un tanto incómodo por la falta de herramientas para el desarrollo de sus clases.


—En este tiempo que llevo dando clases virtuales, recuerdo que una madre de familia

me comentó que también le diera el título de primaria a ella, porque al querer ayudar a su hija con las tareas de matématicas, a ella también se le dificultaba realizar las operaciones, comenta Marino.


Jhonathan comparte que de la mano de los profesores, y basados en el DBA (derechos básicos de aprendizaje), se crearon cartillas para todos los grados. Además, con la ayuda del Ministerio de Educación, la Secretaría de Educación de Ibagué y el colegio, se imprimieron en total 44.000 páginas; para que los estudiantes realizaran ejercicios desde casa.


Puede leer: Lo visible de lo invisible en la ruralidad de Ibagué


Mensaje de aliento que se muestra en la primera página de todas las cartillas.

Todos los trabajos se presentan durante las clases virtuales. Los profesores no dejan ninguna tarea, algo que hacían en la presencialidad, así qué, los niños que accedieron en la mañana a las clases, no realizan trabajos en el resto del día.


Las herramientas digitales con las que cuentan sus 17 estudiantes son casi nulas, algunos sólo tienen un celular en sus casas, el cual deben compartir, en ciertas ocasiones, entre tres hermanos. Esto lleva a Jonathan a atender a sus estudiantes en horas de la tarde y, a veces, en la noche.

Respuestas del estudiante Luis Miguel Sánchez

Los 364 estudiantes que conforman el total de las sedes de la Institución; siguen cumpliendo con sus obligaciones desde casa. Día a día, desarrollan la cuartilla de 96 páginas (en el caso de segundo) que contiene ejercicios y talleres de las once materias.


Uno de ellos, es Luis Miguel Sánchez, quien expresa, a través de una página de su cuaderno, que aún no olvida su colegio y sus compañeritos.


Tanto Jhonathan como Marino, ya no tienen en su celular fotos de ellos y sus familias, debido a la situación, las carpetas y galerías están llenas de fotos y vídeos de estudiantes respondiendo cuestionarios y ejercicios sobre los temas vistos en clase.


Los profes siempre ven el lado positivo de todo. Expresan tranquilidad y siguen deseando trabajar día a día con los estudiantes. Así como esperan volver a salir en sus motos y regresar al salón de clases, continúan con la esperanza de que sus estudiantes puedan recibir alguna ayuda para extender su conectividad. Entre sonrisas se despiden diciendo: "Aquí estamos para lo que se necesite".


La historia de estos dos profesores, no se aleja de una realidad tanto local, como nacional. Una pandemia que provoca cambios estructurales para todos los trabajos, ahora llamados teletrabajos. El cambio de la pedagogía presencial a la virtual, conlleva un grado alto de responsabilidad y dificultad, debido al poco tiempo de reaccionar ante esta situación. Los días pasan, la cuarentena se extiende y la inseguridad de no saber cuando se retomará a la normalidad, son las sensaciones que nos dejan esta pandemia.


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